Modestas impresiones sobre «Corazón tan blanco» de J. Marías


Título: Corazón tan blanco

Autor: Javier Marías

Editorial: DEBOLS!LLO

Páginas: 315

ISBN: 978-84-8346-140-2
Antònia Fontirroig

Hace falta un hombre como Javier Marías para, de un verso sacado de Macbeth, componer una novela de argumento mínimo que atrapa al lector desde la primera línea. Veámoslo:

«No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre [...]». ¿No les excita este comienzo? Y a estas líneas les suceden otras que no se apartan del camino para encandilar al lector con esa prosa elegante y bien cuidada que siempre ha caracterizado a Marías.

Juan Ranz narra y protagoniza esta novela de secretos y pensamientos —"de la vida"— que bien ganado se tiene el título de clásico contemporáneo.

Volviendo a la famosísima frase del comienzo, «No he querido saber, pero he sabido», Juan inaugura el relato y a la vez anuncia que, lo que está por contar, no quiere contarlo. Sus palabras abren el debate entre si debemos decir o callar, decantándose él por lo segundo al preferir "no escuchar por no saber, no tener conocimiento de tal hecho", y de este modo proclama "la maldición del saber".

Corazón tan blanco es una novela que pone en crisis valores sólidamente adquiridos por la cultura occidental, entre ellos, el matrimonio. La acción se desencadena a su ritmo, es decir, lenta y pausadamente, y es que, lo que interesa más de esta novela no es el argumento, sino el dominio del lenguaje que sólo puede ejercer un maestro de la palabra como Marías.

No quisiera poner el punto final a estas —modestas— impresiones sin mencionar las parodias probables de Margaret Tatcher y Felipe González en ese encuentro entre "una dama inglesa" y "un caballero español", ambos altos cargos políticos, pues estoy segura que más de alguna sonrisa maliciosa han provocado entre los lectores.


P.D.: No recomendable para personas que precisen de narración y acción rápida en los libros.


(A veces) es mejor seguir recordando


Cristián Wagner 

Uno no elige los recuerdos que almacena en la memoria. Hay, claro, muchos que tienen importancia y que de alguna u otra forma nos definen como personas, o tal vez son indicios de lo que éramos y cómo veíamos el mundo en ese entonces. En cambio hay otros que sólo están ahí, como puestos por el azar, acompañándonos toda la vida y apareciendo de vez en cuando.

Este recuerdo es uno de los segundos, esos que aparentemente no importan. Hace mucho tiempo que no lo recordaba por lo que me sorprendió encontrarme en la fila del banco, una fila extensa y lenta, pensando en este particular momento.

Cuando era pequeño me gustaba jugar con legos. Con ayuda de mi madre armaba complejas construcciones y a veces, por cuenta propia, construía objetos de nula estética pero cargados con toneladas de imaginación. Me gustaba ir ensamblando de manera antojadiza y luego tejer historias fantásticas en cada recoveco de mi casa, cuyos protagonistas eran siempre los pequeños hombrecitos de lego de color amarillo.

Pero a medida que iba perdiendo el interés, sin importar en qué lugar de la casa estuviera, dejaba desparramadas las piezas, lo que provocaba una reprimenda por parte de mi madre y la pérdida inevitable de una que otra pieza o figura.

Fue así como una tarde después de llegar del colegio y hacer mis tareas me fui arrastrando, porque por alguna razón tenía la costumbre de aprovechar el suelo resbaladizo, hacia el living, en donde después de saltar sobre el sillón encontré detrás de la puerta que daba hacia la entrada de la casa uno de los hombrecitos de lego.

No sé por qué pero me quedé observándolo con asombro, preguntándome cuánto tiempo llevaba allí ese solitario hombrecito, cuyo cuerpo seguía en posición de asiento con los brazos alzados hacia arriba, esperando tal vez el rescate que no le daría.

Desde aquella tarde y cuando su imagen de soledad se aparecía en mi cabeza, rondándome junto a la leve reprimenda que me llegaría si alguien lo encontrara, fui asiduo testigo de su presencia, detrás de esa puerta, junto al polvo y pronto a las telarañas.

Pasó el tiempo y ese espacio de la casa, tan accesible para todos pero a la vez tan escondido, se transformó en lugar de peregrinaje, hacia el cual yo llegaba con ánimos de meditación, extrañado aún por la inexorable soledad del hombrecito de lego.

Nunca hubo tentación para llevarlo conmigo, parecía correcto verlo en su designio y esperar algún cambio en la norma. Tardes enteras éramos sólo él y yo. Toda una vida suya la de quietud y desamparo.

“Siguiente” escuché por segunda vez y una mano me tocó el hombro. Como despertando de un sueño caminé hacia la caja, entregué el depósito y luego me fui a casa pensando en que no tengo recuerdos respecto al destino del hombrecito de lego.

Al llegar lo primero que hice fue ir hacia el living con la extraña sensación de querer volver a mirar detrás de la puerta. Algo me decía, una especie de corazonada, que allí podía seguir estando el hombrecito de lego, envuelto en polvo y soledad, pero a la vez parecía un escenario demasiado improbable. 

Aún así inexplicablemente sentí una batalla de fuerzas, una que me llamaba a asomarme detrás de la puerta y otra que me decía que dejase todo como estaba. Qué idiota, pensé. Era como si en caso de no estar, el último retazo de infancia se hubiese ido, y en el caso contrario, como si la soledad siguiera siendo una constante de la vida del hombrecito de lego, acaso espejo de la mía.

Entonces tomé la manilla de la puerta.

Pero desistí.  

Un país sin memoria


Germán Prieto

España realizó el 26 de junio un acto de sadomasoquismo. Y me pregunto si puede ser cierto que casi ocho millones de votantes tengan amnesia o se hayan refugiado todo este tiempo en una cueva sin ningún tipo de contacto con la realidad de un país con el agua al cuello y con ganas de seguir llenando el recipiente.

Acudimos a las urnas con una venda puesta en los ojos y con los oídos tapados, dispuestos a reírnos de los más de dos millones de españoles que han tenido que emigrar de su país, con la indecencia de avalar las privatizaciones en sanidad y educación, la ausencia de becas, una reforma educativa que pone cada vez más complicado el cursar estudios universitarios, donde la religión católica es trascendental pero la filosofía una mera pérdida de tiempo.

También votamos a favor de la subida del IVA cultural, de la reforma laboral, de la Ley Mordaza y de que prioricen entidades bancarias a personas. Apoyamos al partido de los desahucios, al de los imputados, al de los sobres, al de la caja B, al partido de los pelotazos urbanísticos, al de los aeropuertos sin aviones, a los que no dan la cara si no es a través de una pantalla de plasma, al partido de la financiación ilegal probada. Sí, probada. Y un larguísimo etcétera que sería imposible enumerar en un simple artículo.

Es inexplicable cómo una formación envuelta en corrupción pueda aumentar el número de votos en más de quinientos mil. Es impensable que en un país serio hayamos premiado la corrupción, pero igual tenemos que empezar a mirar a España como un chiste malo, como una pandereta que ya ni siquiera suena.

Son más de quinientos imputados los que sostiene la vitrina de éxitos de los populares, quinientos imputados en más de cien casos de corrupción. Y es que es un mal endémico robar en este país: más de siete mil millones de euros han sido saqueados desde la Transición. Viendo los resultados de las elecciones parece más que probable que la cifra siga aumentando, pues nos empeñamos en olvidar que nuestros representantes día tras día se ríen de nosotros y además, lo más grave, les reímos las gracias y les damos vía libre para seguir robando cuatro años más. Nos convertimos en cómplices.

El 26-J ganó con holgada diferencia el único partido europeo imputado como institución, donde absolutamente todos sus concejales en Valencia han sido imputados y donde se acercan a los doscientos implicados por corrupción solo en esa comunidad, donde mejoró también sus resultados.

Ayer amplió su representación gracias a que perdimos la memoria hace tiempo, a que nos importa más bien poco lo que pase en nuestro país y nos centramos en los problemas que tienen otros. Una España de costumbres, de inmovilismo y de caciquismo. Una sociedad que da vergüenza ajena condenada a revivir una y otra vez sus errores.

Solo cabe recordar que el Partido Popular celebró una victoria ante cientos de personas eufóricas en una sede pagada en B, donde la policía se pasó más de catorce horas registrando en busca de pruebas y discos duros previamente destruidos. La viva imagen de un país.

A España llegará el cambio político cuando cambiemos los españoles. Mientras tanto, volveremos a vivir noches bochornosas como la del 26 de junio.

26-J: ¿Segundas partes nunca fueron buenas?


Germán Prieto Guerra

Queda muy poco tiempo de reacción a un Partido Socialista que, según vaticinan las encuestas, se vería relegado a una tercera fuerza política tras la unión electoral de Podemos e Izquierda Unida. Unos días para intentar enmendar la posición de un 26-J que comienza a adquirir un tono fúnebre para el histórico PSOE que, tras estas segundas elecciones en seis meses, se vería obligado a determinar si suicidarse con soga o con pistola. Y es que partiendo de una tercera posición tan solo le quedan dos opciones viables para que no se repitan nuevamente los comicios, algo que parece poco probable pero que no se puede dar del todo cerrado. Pactar con Unidos Podemos y hacer a Pablo Iglesias presidente o abstenerse y dejar otros cuatro años de un gobierno de Mariano Rajoy ingobernable. Incluso puede sumarse a la Gran Coalición con la que sueña todo dirigente Popular. En cualquier caso, dos opciones: que tenga España un gobierno de izquierdas o de derechas. 

Los pesos pesados y las viejas glorias socialistas jamás se dejarían arrastrar en manos de un partido fuera de un sistema prefabricado que los poderes fácticos de la Transición instauraron. La tranquilidad patrocinada por el Ibex-35 y una Unión Europea al servicio de las fortunas, planean el bloqueo del acuerdo de izquierdas para acabar con cuatro años de Mariano Rajoy con más sombras que luces.

Los de Pablo Iglesias tienden la mano al pacto natural desde la cómoda posición que los sondeos les otorgan, sin encontrar respuestas en un Pedro Sánchez que quiere, pero no le dejan. Una marioneta que pronto se verá fuera de un juego político donde Susana Díaz irrumpirá con fuerza en la dirección del partido. Y si el relevo no tiene sangre andaluza no es problema, lo importante es desplazar al peor candidato de la historia del Partido Socialista Obrero Español inmerso en un terremoto político que les hace tambalear dos de las cuatro siglas.

El Partido Popular, inamovible e inexpugnable. Sus siete millones de votantes, una gran mayoría de avanzada edad, poco les importa que estén envueltos en escándalos de corrupción día tras día, porque, simplemente, los campos de golf y las urbanizaciones en el litoral no tienen ni un ladrillo venezolano. Nada les pasa factura, hasta salen airosos de debates electorales con un Mariano Rajoy lleno de notas adhesivas por si se olvida de Bárcenas o le dejan de constar cosas. Las conversaciones de Fernández Díaz dinamitarían cualquier proceso electoral en contra del partido del gobierno en funciones en cualquier país mínimamente serio y con memoria, pero los Populares volverán a ganar las elecciones con cierto margen, inexplicablemente, y se mantendrán a la espera de cómo se desarrollen los diferentes acuerdos.

Albert Rivera es consciente de que su partido tiene tan poca relevancia en el Congreso que, los que volvieron a nacer para encabezar el cambio de mano derecha, ahora se dedican a cantar a Serrat y disfrutar de la Selección. El cambio sensato es además el cambio tranquilo, pues según indican todos los sondeos, su cuarta posición será tranquila y sensata.

La salida del Reino Unido de la Unión Europea ha sido la mayúscula sorpresa a dos días de las trascendentales elecciones, y sus consecuencias como “cisne negro” en el proceso electoral español es muy difícil de predecir.

El domingo 26 saldremos de dudas y veremos si segundas partes nunca fueron buenas. Ahora solo queda esperar a una noche electoral todavía más emocionante de la ya vivida en diciembre. La unión de Podemos e Izquierda Unida puede propiciar la mayor sorpresa de la cita o la mayor decepción. Unas altas aspiraciones en la campaña de las “sonrisas” pueden aumentar el varapalo que ocasionaría una nueva tercera posición para Pablo Iglesias y sus aspiraciones de presidencia, pero también salvar los muebles al PSOE, y sobre todo a Pedro Sánchez.

«The greatest»


Mario Martín
El rostro del carisma, la prepotencia jamás creída pero siempre consciente de ella, el hombre al que todos aman, «the greatest».

Nunca fui un apasionado del boxeo, mi pasión siempre fue el fútbol y no me llegaron a interesar los cuadriláteros demasiado. Veía algún combate con mi padre de los actuales boxeadores, algo de Pac-Man, algo de Money Man, pero nunca con gusto ni disgusto, quizás con más indiferencia que otra cosa.

Tuve claro cuales eran los deportes que me gustaban hasta que mi padre me dijo que debería ver combates de cuando él era joven si realmente me interesaba esto. Y la verdad es que no lo estuve hasta que vi a un hombre flotar, flotar y bailar, bailar y picar, picar y acabar con todo hombre que se ponía en su camino.

Vi el boxeo en el orden opuesto al natural, vi a Mayweather, a Paccquiao, a Oscar de la Olla, a Tyson, Holyfield, pero nunca vi algo como lo que ese hombre hacía en un ring. Ali flotaba como una mariposa y picaba como una avispa, aunque estoy seguro de que sus rivales preferirían mil veces que les picasen doscientas avispas a recibir un solo directo de Ali. Ese hombre hacía lo que nadie podía hacer, nunca se cansaba. He visto alucinado como esquivaba veintiún puñetazos en diez segundos y todavía le quedaba fuerza para bailar (literalmente, bailar). Ese hombre no era de este planeta, pero si lo fuese, todos sabíamos que era el más grande.

Vi sus grandes batallas, le vi morder la lona contra Joe Frazier, le vi vengarse en «Thrilla in Manila», le vi resurgir contra George Foreman en «Rumble in the Jungle» en Kinshasa (Congo) y le vi tumbarle en el octavo round. La avispa picó pero sobre todo flotó, ese día flotó. La pena es que todo esto lo vi treinta años tarde, pero sirvieron para hacerme, ahora sí, amar el boxeo. Incluso me compré una camiseta con su nombre de nacimiento, Calsius Kley (nombre que nunca le gustó por ser de esclavo y que se cambió cuando se convirtió al islam), unos guantes de boxeo con un saco pequeño. Mi locura era tal que quise apuntarme a clases, pero yo nunca fui bueno flotando, ni picando, ni siquiera intentándolo. 

La eterna sonrisa, como Ronaldinho, estos dos te hacían amar un deporte que igual ni te gustaba, pero cuando salían a jugar querías verles, y querías escuhar lo que decían antes y después de cada espectáculo. Ali era un fanfarrón, pero no uno cualquiera, porque para que todos supiésemos que era el mejor, primero tuvo que creérselo el mismo. «The prettiest, the greatest», y el mundo lo sabía. Su sentido del humor, sus gestos y su palabrería daban juego y hacían que le quisiesen. 

Y como yo no podía quedarme aquí, en el deporte, no me conformé con ver sus combates, quise saber del hombre. Ali no solo luchó contra boxeadores implacables en los rings, sino que también luchó por la igualdad racial. Se negó a ir a Vietnam, por lo que le quitaron 3 años la licencia de boxeo. Ali peleó por lo que creía que era justo, por sus sueños y por los de muchos. Pero su batalla más dura, la que nadie puede ganar, la combatió durante treinta años contra el parkinson. El 4 de junio de 2016 la pelea acabó con amargo final, pero para mí, aunque llegase treinta años tarde, siempre serás «the greatest».

Un poco de «No me llores» de Irene X


Antònia Fontirroig
Título: No me llores

Autora: Irene X

Editorial: Harpo

ISBN: 978-84-942612-5-1

La autora forma parte de esa nueva ola de jóvenes escritores que han agitado al fin el panorama nacional poético, aunque ella ha renegado del oficio de poeta. Tanto si lo es como si no, No me llores es el tercer libro que firma Irene X con la ayuda de Harpo Libros. Entre versos cortos, largos y larguísimos —poesía en prosa, como lo han ido llamando—, Irene llega a ocupar 178 páginas con esa combinación de ingenio y encanto que la ha caracterizado desde que comenzó a publicar sus textos en la blogosfera. En consonancia con sus dos publicaciones anteriores (El sexo de la risa y Grecia), No me llores sigue presentando poemas repletos de enumeraciones, preguntas retóricas e imágenes que no han dejado indiferentes ni a sus lectores ni a sus detractores más feroces, con el único fallo, quizás, de que a veces la lectura del poema puede resultar algo atropellada.

El poemario, además, tiene la particularidad de que cada uno de los textos —a excepción del que abre el libro— da inicio con los versos de otro artista, ya sea poeta, cantante o narrador. Así nos encontramos con versos de María Sotomayor y Duli Martínez, frases de Julio Cortázar o de Pedro Pastor, ¡incluso a los mismísimos Vetusta Morla!

Otra constante en este último título son las alusiones a los personajes de Caperucita Roja, el lobo y la abuela, que incorpora de manera natural, casi espontánea (El mensaje del rey cuenta que Caperucita mató a su abuela, desaparece la magia); y es que si algo me interesa destacar de Irene es su frescura y facilidad para unir influencias de aquí y de allá, porque donde unos leen el sintagma sin trasfondos, otros se complacen al comprobar que la sencillez esconde diferentes matices, como cuando habla de la tercera bala vencida o de ruedas por mi cara, que son lágrimas. Se aprovecha de la doble interpretación que ofrecen las palabras y de su sonoridad, de refranes y de dichos populares, hasta de los versos más famosos de Bécquer.

La línea argumental oscura que destapó con El sexo de la risa y que profundizó con Grecia sigue predominando en No me llores, y sólo al final arrojará ese rayo de luz tan esperado, el mensaje positivo: Y por encima de todo, que hay que saber cuándo rendirse: nunca.

La han tildado de cursi, de poeta sentimentaloide y de escribir para adolescentes, pero si estáis curados de prejuicios y os apetece saber qué leen las generaciones más jóvenes del país, debéis empezar por Irene.

Colón tiene envidia del nuevo mundo que se ha descubierto


Verónica Alaguero
Hace dos semanas Valladolid tuvo la oportunidad de acoger una vez más, como años anteriores, a artistas nacionales e internacionales para regalarnos teatro al aire libre. Durante nueve días la ciudad ha estado llena de espectáculos distribuidos en distintos puntos céntricos para el disfrute de gente de todas las edades.

Desde Micropolis Magazine queremos contaros la experiencia que tuvo la Asociación de Síndrome de Down de Valladolid, que hace numerosas actividades cada fin de semana para que los niños y no tan niños puedan pasarlo bien y escapar de los límites que injustamente se les pone por su enfermedad. Este sábado les tocó unirse a los centenares de personas que gozaron de este entorno artístico y cultural y creednos si os decimos que para ellos la experiencia ha sido más enriquecedora que cualquiera de los programas que llevan a cabo para su integración en la sociedad.

La asociación tiene como objetivo la inclusión, no la integración, por lo que el medio para alcanzar esta meta es hacer que aprendan a vivir y no a actuar como se les lleva enseñando a lo largo de toda su vida.


Las condiciones meteorológicas no eran muy favorables pero a pesar de ello la lluvia les dio una tregua y pudieron disfrutar de tres espectáculos. El primero de manos de un actor de origen holandés que les deleitó con mil y una sonrisas a lo largo de la actuación con una historia sencilla pero extremadamente divertida. Algo tan simple como la idea de un hombre por cortejar a una mujer invitándola a un picnic en el campo.

Al principio apareció un coche enano, cabe decir que un tanto escochambroso pero con millones de sorpresas en tu interior. Los altavoces sonaban a todo volumen con Don’t Stop Me Now del grupo británico Queen, que por una bonita casualidad, es el himno de vida de los chicos de la asociación. ¡Se la sabían entera y no paraban de cantarla y dar palmadas!

Al comienzo iban con la mentalidad de que la actividad iba aburrirles porque tenían una idea equivocada de lo que es el teatro, pero en seguida fijaron sus miradas en el hombre tan simpático que tenían delante y no pararon de reír con su torpeza, viendo como todo le salía mal. El coche ardía, la comida estaba caducada, el café se convirtió en cerveza, el mechero con el que cocinaba daba petardazos, su boca acabó quemada intentando meterse un trozo de tortilla ardiendo y tuvo que airearse la boca con un tubo de aire frío que levantaba sus bigotes… Repitió esta última acción unas veinte veces, cada cual más divertida.

Cuando el espectáculo acabó y nos dirigimos a otra plaza, no paraban de imitar sus fechorías y de estallar a carcajadas recordándolo. Qué felices se les veía…

La siguiente actuación tenía como protagonista a una chica apasionada por la literatura clásica que se veía diferente a los demás y eso le quitaba el sueño.

En el escenario había un montón de libros esparcidos por el suelo en pilas y un mueble con varios cajones por el que salían manos y pies. De repente, una puerta se abrió y salió de ella una chica haciendo contorsionismo que empezó a saltar de pila en pila de libros haciendo acrobacias propias de la gimnasia rítmica para poder llegar a leer todos los libros que tenía alrededor. A continuación, se quedó dormida pero la literatura perturbaba sus sueños y no le dejaba encontrar la postura adecuada.

Buscaba libros hasta descansando, dando volteretas por todo el espacio mientras una poesía que contaba sus rarezas sonaba en el espacio. Se les quedó la boca abierta, todos querían llegar a hacer las cosas que hacía ella, se preguntaban si sería imposible. Pero nada lo es y una de las niñas ya está diciendo a sus padres que quiere apuntarse a gimnasia rítmica. ¡Va a cumplir un sueño que siempre se le había mostrado utópico!

En el tercer espectáculo tuvieron muy mala suerte porque el cielo dejo de brillar y las nubes se tornaron sobre ellos descargando su lluvia. Vieron diez minutos de actuación, pero los suficientes para saber que lo que hacían aquel hombre y aquella mujer dando vueltas dentro de aros gigantes era increíble.


De repente a todos les encanta el teatro, quieren ser actores y actrices porque se lo pasaron muy bien. Descubrieron un mundo nuevo que antes no se les había planteado y empezaron a soñarse en escenarios frente a centenares de personas.

Ahora viene una cuestión: ¿quiénes somos nosotros, la sociedad, para decirles que es imposible? ¿Quiénes somos nosotros para cortarles las alas si no paran de trabajar día a día confeccionando plumas llenas de ilusión para hacerlas más grandes?

Ese día se cumplió una meta. Esas personas pudieron VIVIR en mayúsculas y realizar el papel que ellos quieren para ellos mismos, sin actuar como los demás quieren.

Feminismo es igualdad

Grecia, Sabina y María
Había una vez un mundo donde los hombres tenían el poder y las mujeres no eran más que esposas o madres. En este mundo las mujeres no tenían los mismos derechos que los hombres porque ellas eran inferiores a ellos, o al menos eso se creía. Las mujeres no podían ir a la universidad, ni votar y tener un cargo era algo impensable.


La vida transcurría así en este mundo, las mujeres en la cocina y los hombres a estudiar, las mujeres a cuidar a los hijos y los hombres a trabajar. Poco a poco las mujeres de este planeta se dieron cuenta que ellas no eran inferiores a los hombres, sino que eran exactamente iguales a ellos. El machismo que había en ese mundo obligó a las mujeres a crear una ideología que defendiese la igualdad entre ambos sexos y lo llamaron “feminismo”. Estas mujeres lucharon por obtener la igualdad de derechos y de oportunidades, pero la lucha duraría muchos siglos. 

Pasaron los años y la población de aquel planeta parecía cambiar a mejor, las leyes cambiaron, las mujeres pudieron ir a la universidad y un poco más tarde pudieron votar. Tiempo después las mujeres ya podían ejercer cargos importantes y se hicieron notar. 

Y así la sociedad de aquel planeta parecía mejorar y parecía que se había llegado por fin a la tan deseada igualdad. Pero lo que no sabía aquel planeta era que el machismo no había desaparecido, sino que estaba escondido. Sí, escondido. Escondido en aquel novio que creía que su novia le pertenecía, escondido en aquel jefe que prefería contratar a un hombre antes que a una mujer ya que ella tenía que ocuparse de los hijos. Escondido también en aquella mujer que creía que tener hijos era una obligación ya que fue creada para eso y en aquella persona que pensara que ser mujer significaba ser débil. Aquel machismo estaba escondido en cada una de las personas que creían que una mujer no podía hacer lo mismo que un hombre. 


Aquel planeta vivía engañado, ya que el machismo se manifestaba de una manera sutil, a veces escondido en la palabra amor, como cuando un hombre mata a una mujer “por amor”. Hasta cuando vivirá este planeta engañado es la pregunta que se hace esta escritora al contaros este relato.

Una historia basada en hechos reales.


Después de leer esta historia pensamos, ¿de verdad hay tanta diferencia entre hombres y mujeres? ¿en pleno siglo XXI aún hay personas que creen en la superioridad del hombre sobre la mujer? No hace falta más que ver los titulares de los diarios sobre otro hombre que mató a su pareja. En lo que va de año, según Adavasymt (Asociación de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales y Malos Tratos), 41 mujeres fueron víctimas de violencia machista en España. 





Los 25 de cada mes Adavasymt convoca una concentración contra la violencia machista. En estas concentraciones se trata de concienciar a la gente sobre este tema y se hace un recuento de las últimas víctimas de violencia machista. Los zapatos rojos en el suelo con los nombres y edades recuerdan a las víctimas de este “terrorismo” que se está llevando consigo a miles de mujeres cada año. 





Pudimos ir a la concentración del 25 de mayo, puedes ver un poco de esta reunión en los streamings que hicimos.
El feminismo, como nos lo contó antes la historia, es una ideología que nació a partir de esta desigualdad que había entre hombres y mujeres. Hartas de aquella injusticia, las mujeres decidieron levantarse, decir basta y empezar a luchar por la igualdad. Pero ¿sabe la sociedad lo que es el feminismo?


La desigualdad existe, está muy presente en nuestro día a día, en situaciones tan simples como un comentario. “Eh, pues conduces muy bien”, a simple vista parece que es un simple comentario de un amigo a una amiga, pero ¿le hubieras hecho este comentario a un hombre? Seguimos dando por hecho que por ser mujeres conducimos mal y que conducir bien es algo normal en los hombres.


Que a las mujeres nos gusta el color rosa, que somos delicadas, que todas tardamos mucho en arreglarnos, que a todas nos gusta usar vestido y que si tenemos sexo ocasional somos putas. A vosotras mujeres, ¿no os pasa que no sois así? ¿acaso no sois mujeres porque os guste el fútbol, las motos o conducir? Las diferencias que ve la sociedad entre hombres y mujeres no es que ellos tengan pene y ellas vagina, sino es que ellos pueden hacer cosas que ellas no, porque “es cosa de hombres”. 

Pero hay más, no basta con que nos diferencien en lo social, también encontramos diferencias en el mundo laboral. Una mujer tiene menos posibilidades que encontrar un trabajo que un hombre, y cuando lo hace gana menos que él por trabajar las mismas horas y hacer lo mismo. En la Unión Europea existe una brecha salarial media de 16% a favor de los hombres. Esto quiere decir que las mujeres ganan por hora un promedio del 16% menos que los hombres y por año hasta un 31% menos. En España esta brecha es mayor, ya que un hombre gana un 24% más que una mujer.

Diferencias como estas las vemos en muchos ámbitos, como en el mundo del deporte, donde los contrastes entre los salarios de los hombres y las mujeres son abismales, al igual que el apoyo que se le da a cada uno. El tenis es uno de los deportes en el que la brecha salarial es más reducida comparada con otros deportes, aun así, se notan ciertas diferencias. Federer y Djokovic ganan 48 millones de dólares mientras que Sharapova, la tenista mejor pagada, gana 29,2 y Serena Williams, 24,6. Estas dos últimas son las únicas deportistas femeninas que están en la lista de la revista Forbes de los “100 deportistas con mayores ingresos”.

Novak Djokovic, número uno en el mundo del tenis, dijo hace poco que “los hombres generamos más audiencia, y esa es una de las razones por las que pienso que deberíamos ganar más". Además, comentó como defensa que "mientras haya datos, estadísticas e información disponible sobre quién genera más atención y atrae más espectadores, creo que el dinero debe ser distribuido justamente". 

De las 10 deportistas mejor pagadas del mundo, 7 son tenistas. El tenis es el deporte en el que la mujer tiene más oportunidades de triunfar y, además, que se la reconozca.

En el deporte rey hay una enorme desigualdad salarial entre hombres y mujeres. La jugadora mejor pagada del mundo es Alex Morgan, delantera del Orlando Pride, que gana 3 millones de dólares anuales gracias, sobre todo, a patrocinios. Marta Viera da Silva, delantera brasileña y ganadora de 5 balones de oro, se tuvo que conformar con 315.000 dólares mientras jugaba en el Tyreso. En cuanto a los hombres, Cristiano Ronaldo ha ganado casi 80 millones de dólares entre su sueldo como jugador y patrocinios, además es el futbolista mejor pagado del mundo; Lionel Messi gana casi 74 millones de dólares y ocupa el segundo puesto de futbolista mejor pagado. Las jugadoras de la Selección de Fútbol de Estados Unidos, ganadoras de 3 Copas del Mundo, ya han comentado este tema cuando en una entrevista informaron sobre sus sueldos. Ellas cobran 1.300 dólares si ganan un partido; ellos, 17.000. Si los hombres pierden un partido consiguen 5.000 dólares, al contrario que ellas, que no ganan nada. 

Otro de los deportes estrella, el baloncesto, brilla por su brecha salarial. Amaya Valdemoro, exjugadora de baloncesto española, considerada la mejor de la historia llegó a cobrar 40.000 dólares en la NBA. Comparándolo con los hombres, la brecha es gigante ya que ellos no bajan de los millones. En el ránking de los 50 jugadores mejor pagados de la NBA, Kobe Bryant se posiciona en el número uno con un sueldo de 23.500.000 dólares; el que “menos” cobra de los 50 es Danilo Gallianari, con10 millones. Como curiosidad, los 50 mejores pagados cobran más que todas las mujeres en el mundo de la NBA juntas.

En el mundo del golf, la diferencia entre hombres y mujeres es desorbitada. Mientras que Tiger Woods, Phil Mickelson y Rory McIlrory llegan a ganar unos 50 millones de dólares Paula Creamer, una de las mejores deportistas femeninas pagadas del mundo, cobra 5,5 millones. 

En España, la brecha salarial entre hombres y mujeres es del 24%. En el deporte, es aún mayor, esto debido a la publicidad. El éxito en el mundo del deporte se mide por la cantidad de público que puede atraer y, ya sea por la imposición del hombre en el deporte, por tradición o por la poca imagen que los medios dan a las mujeres en el deporte, los deportes femeninos no son muy seguidos y menos valorados. Mireia Belmonte, campeona mundial en natación, ya ha criticado este tema: “Tengo cierta convicción de que los éxitos de los chicos son siempre más publicitados que los de las chicas”. Belmonte es la mejor nadadora de todos los tiempos y, cuando pidió una subida de sueldo por sus logros, se lo negaron.

El mundo del deporte femenino, al no tener muchos seguidores, quedan excluidos de programas e informativos. Esto desemboca en un círculo vicioso en el que las cadenas prefieren apostar por los deportes en los que juegan los hombres y excluir en los que juegan las mujeres por lo que el deporte femenino no llega a los espectadores. Según un estudio de la Universidad Carlos III, las mujeres solo aparecen un 5% en la prensa deportiva de España.




 




Pero este es solo un ámbito más en el que encontramos diferencias. Otro ejemplo lo encontramos en la educación. Los hombres y las mujeres no prefieren estudiar las mismas cosas. La brecha de género en este ámbito es muy parecida cuando hablamos de grado o máster. El porcentaje de hombres que prefieren estudiar ingeniería es muy superior al de las mujeres, pero las mujeres que optan por estudiar ciencias de la salud son muchas más que lo hombres, en ambos casos con una diferencia aproximada de un 40%.

Según MiFuturo.cl las carreras vinculadas con la educación y la salud son las preferidas por las mujeres. Enfermería encabeza la lista con 6.201 matriculadas. Por otra parte, los hombres se inclinan por carreras relacionadas con la tecnología, administración y comercio. Ingeniería comercial lidera la lista con 5.563 matriculados. 

Un estudio realizado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), llamado “Compara tu Carrera”, reveló una lista de carreras universitarias donde se matriculaban menos mujeres. Entre ellas están:

1. Ingeniería de vehículos de motor, barcos y aeronaves. Solo un 4% de las mujeres estudiaron esa carrera de los 29.108 matriculados. 

2. Electrónica y Automatización. Solo el 5% de un total de 105.314 matriculados pertenece a las mujeres.

3. Construcción e ingeniería civil. De los 224.055 matriculados registrados en esta carrera, el 6% pertenece a las mujeres matriculadas.

4. Electricidad y generación de energía. En este caso el número de estudiantes en total es de 114.852 personas. El porcentaje correspondiente a las mujeres es del 6,3%. 
5. Ingeniería mecánica y metalúrgica. De las 241.860 personas matriculadas, el 7.8% pertenece a las mujeres. 

Un estudio realizado por la Encuesta Nacional de Empleo las carreras más ejercidas por parte de las mujeres son: 

1. Formación docente

2. Trabajo social

3. Enfermería

4. Formación docente para otros servicios educativos

5. Diseño

6. Orientación y asesoría educativa

7. Psicología

8. Didáctica, pedagogía y currículo.

9. Literatura

10. Ciencias de la educación, programas multidisciplinarios o generales

En cuanto a la Agencia Informativa Conacyt las carreras más ejercidas por parte los hombres son:

1. Ingeniería de vehículos de motor, barcos y aeronaves.

2. Electricidad y generación de energía

3. Construcción e ingeniería civil

4. Ingeniería mecánica y metalurgia

5. Electrónica y automatización

6. Deportes

7. Física

8. Tecnologías de información y la comunicación

9. Producción y explotación agrícola y ganadera



Las diferencias entre hombres y mujeres existen, son muchas y pegan fuerte. No se llegará a ninguna parte si no tomamos conciencia de donde empieza esto. La sociedad es quien pone los estereotipos, las limitaciones y los prejuicios, pero de lo que no nos damos cuenta es que la sociedad somos nosotros. Quién dice que por ser mujer no puedas estudiar ingeniería civil, o que por ser hombre no puedas bailar ballet. Los hombres y las mujeres somos iguales, reímos igual, lloramos igual y sentimos igual por lo tanto merecemos lo mismo




Aún nos queda un gran camino por recorrer para lograr lo que queremos y merecemos, pero no pararemos hasta conseguirlo. Ninguna mujer merece vivir el calvario de tener un novio o marido machista, nadie merece vivir en el miedo, porque queremos sentirnos libres, no valientes. Ni una menos.

El número para denunciar cualquier acto de violencia machista es 016 en España.

Sincericidio, el riesgo de confesar la verdad


Germán Prieto
Lidia Herbada, periodista y escritora, tiene tras de sí numerosas novelas reconocidas y galardonadas. Silvia Plaza-Delmarés, por su parte, es una filóloga con inquietudes artísticas, que ha canalizado en relatos y colaboraciones con otros tantos escritores. Su unión ha servido para la creación de una de las publicaciones más esperadas.

Sincericidio (editorial Huerga y Fierro), que verá la luz esta semana, es una colección de poemas donde se pone de manifiesto una de las acciones que desde niños progenitores y maestros han querido inculcarnos: el valor a confesar la verdad. 

"Dicen que nos hace más libres y es un valor en alza. La sinceridad más absoluta puede convertirse en el arma más mortífera, ¿Quién se arriesgará a usarla?", comentan las autoras en lo que será el hilo conductor de la obra y que podemos apreciarlo desde el propio título, en un certero juego entre el acto de sincerarse y la muerte que puede suponer realizarlo.

Una colección "escrita desde el corazón, desde las tripas", donde los versos se transforman en "balas cargadas de sinceridad que juegan con las palabras, arrojan ambigüedad, desamor, intimidades, esperanza, ansiedad y amor a quemarropa", y que podréis encontrar en las principales librerías y puntos de venta online.

Además, han querido dejar en exclusiva para Micropolis Magazine una muestra de lo que será el libro, que presentarán y firmarán el domingo 5 de junio en la caseta 139 de la Feria del Libro de Madrid desde las 12 hasta las 14:30.



Medias Verdades

Te diría que no te soporto

Te diría que me enfermas

Te diría que siempre hago sacrificios por ti

Te diría tantas cosas pero siempre me las guardo

Acumulo mierda, polvo, y sudor.

Los escondo bajo de la alfombra

Sin dejar flecos a la improvisación

Pero el día que hagas limpieza yo estaré en Chiang Rai o Chiang Mai.

Suena la puerta y siempre abro con la sonrisa de domingo.



PATCHWORK

Miles de nombres cubren mi cama

Unen y saltan por mi almohada.

Algunos envuelven mi cintura

Otros juegan a rasgar mis vestiduras

Los hay que perforan mi oído

Y quienes sacuden mis tripas.

Veinte metros de temblores,

Una hilvanada de ardor,

coso esta noche contigo

y mañana descoseré lo cosido.

Puro arte, por María Prado


Era un papel pequeño y alargado, tan fino como una pestaña, tan delicado como su autor. Cada una de aquellas palabras era perfecta. Parecían palabras comunes, de esas que escuchas diez o veinte veces al día, pero no, a mis ojos eran nuevas y únicas. Palabras vírgenes… hasta entonces. Una sobre la otra y la otra sobre la siguiente, haciéndote sentir espectador de una maravillosa orgía lingüística.

Rimaba. Pero no rimaba al final de cada verso; en verdad, ninguna palabra terminaba ni se parecía a las demás. Pero juro que rimaba.

Era arte. Puro arte. Mas todo lo que sale de su lápiz, de sus dedos, de su cabeza, lo es.

Me permití añadir una última palabra: “marco”.

Aquella lista de la compra debía ser enmarcada y expuesta como la obra maestra que es.